Monday, November 27, 2006

EL MATRIMONIO UNA EXTRAÑA COSTUMBRE (según Guillermo Giacosa)

ME VENDE SU HIJA, SI ES TAN AMABLE.
”Wed” era el importe que el padre del pretendiente o el pretendiente mismo ofrecía al padre de la novia para quedarse con ella. Podía tratarse de dinero en efectivo, vacas, cerdos, gallinas, caballos, propiedades o un poco de cada cosa.
Hoy aunque las novias ya no se compren, “wedding” en inglés significa casamiento. Entre los antiguos anglosajones estos arreglos matrimoniales se realizaban cuando los futuros esposos eran aún niños y, naturalmente, no se les consultaba.
Hasta el siglo XVI se pueden hallar en Inglaterra disposiciones legales relativas a esta forma práctica y utilitaria de arreglar un matrimonio.
En la India el matrimonio infantil se sustentaba en la creencia de que el celibato es un acto de impiedad y de desgracia; de impiedad porque quien no se casa pone en peligro la felicidad de la familia; y de desgracia porque a su muerte no tendrá quien le rinda culto y honre su memoria. La palabra hijo “putra” significa el que salva el alma de su padre del infierno mediante el matrimonio.

¿DESDE CUÁNDO NOS CASAMOS?
Sin papeles, pero sí con ceremonias de cortejo, muchas especies animales también se casan. A veces la relación dura, como muchos matrimonios actuales, tanto cuanto dura el celo, a veces, en algunas especies, toda la vida.
Aunque los seres humanos poseen una diversidad asombrosa de culturas, prácticamente en todas ellas existe el matrimonio como institución y curiosas y muy variadas ceremonias para consagrarlo. Podemos colegir o deducir que el matrimonio, con formas y variantes distintas a las de nuestro tiempo, debe haber comenzado en épocas muy remotas.
Es posible que haya comenzado con el rapto de la mujer, haya continuado con la compra de la misma y haya concluido con el actual sistema del mutuo consentimiento. Sin embargo las tres alternativas siguen vivas pues hoy aún se rapta o se vende a la novia.

¿CUÁNTO PAGARON POR USTED?
Esta pregunta que puede resultar ofensiva para cualquier mujer occidental, no sólo es normal en muchas partes del mundo, sino que además en ciertas regiones del África el respeto a la mujer esta considerado en función del precio que el novio ha pagado por ella.
El colonialismo, al enfrentar los valores de la cultura africana con la europea, permitió apreciar el desprecio de las mujeres africanas hacia sus congéneres europeas debido a que éstas se entregaban a sus maridos sin que se pagase nada por ellas. De acuerdo a esta óptica una persona por la que nada se paga, es porque nada vale.
En Uganda el precio que los hombres han de pagar por una esposa es de cien cabras y dieciséis vacas. Los pobres deberán pagar sólo tres cerditos o seis agujas para tejer medias.

¿PORQUÉ LA LUNA DE MIEL?
Quizá provenga de la época en que era costumbre raptar la novia. La Luna de miel sería el espacio de tiempo durante el cual los novios permanecían escondidos al abrigo de la persecución de los familiares de la mujer robada. Otros opinan que la Luna de miel procuraba evitar la vergüenza y embarazo que podían sentir los recién casados, ante los ojos de los otros, por la consumación de su matrimonio.

¿QUÉ MÁS HEREDAMOS DEL PASADO?
Es posible que las costumbres de llevar a la novia del brazo y la de ingresarla alzada a la nueva vivienda estén vinculadas al tiempo en que ésta era raptada y conducida por la fuerza a su nuevo destino.



¿Y DESDE CUÁNDO LOS CRISTIANOS NOS CASAMOS COMO AHORA?
Desde el Concilio de Trento (1545-1563). Antes el matrimonio podía ser celebrado sólo por los contrayentes. Solía solicitarse la bendición del sacerdote, pero esto no era indispensable. En algunos casos se invitaba al ministro de la iglesia a bendecir el lecho nupcial como una forma, quizá, de ahuyentar la esterilidad y protegerse de la influencia del mal.
A partir del Concilio de Trento, que fue el décimo octavo Concilio, se instauró la celebración del matrimonio al interior de la iglesia o en la casa de los contrayentes pero con la presencia de un sacerdote.



Y NOS ENTREGAMOS ANILLOS......
Es probable que la entrega de anillos durante el compromiso y la ceremonia matrimonial este ligada a la vieja costumbre de entregar anillos en señal de conformidad.
Podemos leer en el Antiguo Testamento: "y el Faraón le dijo a José: Mira te hago virrey de toda la tierra de Egipto, y luego se quito el anillo del dedo y se lo puso a José".
Entre los cristianos el uso del anillo se remonta al 860. Estos llevaban grabados los nombres de los contrayentes y todos quienes asistían a la celebración del matrimonio examinaban cuidadosamente los anillos que luego intercambiarían los novios.
El dedo en el que se lleva el anillo tuvo en su época una gran significación pues se creía que por ese dedo pasaba una vena o nervio que estaba directamente ligado al lugar del cuerpo humano en el que se asentaban los sentimientos de honor y afecto.

JUS PRIMAE NOCTIS
Conocido popularmente como el "derecho de pernada" era el derecho que se atribuía el señor feudal de gozar de los favores de sus siervas antes de que éstas tuviesen el primer encuentro sexual con su nuevo marido. Claro que como en el mundo todo se compra y todo se vende un futuro marido celoso podía evitar la intervención del señor feudal pagando un abultado impuesto.
Un estudioso de la Edad Media relata: "el novio invitaba al señor feudal y a su esposa a la boda. Estos debían aportar una carreta de leña y un cerdo asado. Cuando la ceremonia concluía se permitía al señor pasar la primera noche con la novia o bien se le pagaba seis chelines y seis peniques".
En los registros del monasterio suabo de Adelberg se puede leer que en el año 1496 los siervos podían comprar la renuncia del señor por un saco de sal, debiendo la novia entregar una libra y siete chelines en una bandeja de plata lo suficientemente grande como para que pudiera sentarse en ella. En otras localidades la renuncia se obtenía mediante la entrega de un trozo de queso o de mantequilla cuyo diámetro fuera por lo menos el de un asiento.
Sir Walter Scott escribe: "Las antiguas leyes escocesas concedían tal privilegio a todos los señores feudales, si bien tal lacra espiritual y moral podía ser abolida mediante la entrega de oro".